Las Villas Benicàssim, del infierno a la corte celestial

Publishing date 8/12/2014

La estrella de Benicàssim no ha dejado de brillar con luz propia desde que en los albores del siglo XX su playa se consagrara a la felicidad estival. En aquellos años las soirées, celebradas en las imponentes casas de recreo al borde del mar, se suceden y son cita obligada de la aristocracia española. Las villas de Benicàssim, construcciones afrancesadas, sibaritas y elegantes rodeadas de exuberantes jardines, todavía mantienen su aspecto romántico. La ruta de las 27 villas, por una bahía mediterránea donde el azul del cielo se confunde con el mar, parte del infierno pasa por el limbo y concluye en la corte celestial.
Las Villas Benicàssim, del infierno a la corte celestial

El modernismo llega a Benicàssim de la mano de los arquitectos españoles más prestigiosos de finales del siglo XIX y principios del XX, ellos participan en la construcción de unas villas de marcado estilo art nouveau. Estas casas empiezan a edificarse una tras otra desde 1880, rompiendo con todo lo anterior. Sus autores optan por nuevos ideales estéticos, sacan el arte de sus limitaciones académicas y lo ponen al servicio de la decoración. Las villas presentan, a pesar de sus diferencias, algunos elementos comunes como jardines mediterráneos, balaustradas de estilo palatino, cubiertas de teja árabe y rejas con motivos geométricos y de la naturaleza en movimiento.

Los habitantes de las villas son emisarios del progreso, de las nuevas corrientes sociales y de una nueva estética, música y costumbres. Precisamente, son ellos los que meten a Benicàssim de lleno en un nuevo siglo y las gentes del pueblo, cómplices de ese progreso, aún guardan en su memoria aquellos veranos esplendorosos, en los que el tiempo se detenía acariciado por la música de una gramola, por glamorosas y divertidas fiestas o por interminables tertulias vespertinas.

Durante años la felicidad es completa en los veranos de Benicàssim, pero se rompe cuando estalla la Guerra Civil Española. El escenario, hasta ese momento de frivolidad y picardía, se readapta a una cruda realidad y las villas, a cargo entonces de las brigadas internacionales, se transforman y albergan funciones estratégicas diferentes. Unas se convierten en cocinas, otras en comedores e incluso las más grandes en bibliotecas, archivos y hospitales como Villa Elisa, Villa Pons o el hotel Voramar.

La contienda marca un antes y un después en las villas, pero con la paz éstas vuelven a la normalidad y retoman su actividad festiva, algunas de ellas se remodelan y otras se derriban para construir nuevas casas pero en la misma línea, como el caso de Villa Elisa que se levantó en el solar que albergó en su día las Villas Coloma. En esta nueva época, Villa Elisa se convierte en el centro de reunión más concurrido de la playa, donde las representaciones teatrales y los espectáculos de varietés hacían las delicias de los veraneantes.

El infierno, el limbo y la corte celestial son los tres tramos del paseo donde se levantan las villas y que coincide perfectamente con el carácter de sus moradores: los del infierno son  inquietos y divertidos, los de la corte celestial buscan la placidez y tranquilidad de los calurosos veranos de Benicàssim, y entre ambos, el limbo. La burguesía valenciana construye las primeras villas en el infierno, donde el glamour, las fiestas y la animación veraniega se convierte en un estilo de vida. Años más tarde, con la Villa Dávalos, se inicia la construcción de la zona conocida como la Corte Celestial, ya que sus propietarios instalan en la parte trasera de la casa una imagen de Santa Teresa. Estas connotaciones religiosas se reflejan incluso en el nombre de algunas villas posteriores como Santa Cristina o Santa Ana.

El infierno empieza en un hotel: el Voramar, escenario de multidudinarias fiestas veraniegas desde su inauguración. El hotel se construye en 1930 y se concibe inicialmente sólo como café y restaurante, pero tras una ambiciosa remodelación se convierte en hotel con una terraza avanzada al mar. En tiempos de guerra el Voramar se transforma en hospital de campaña y allí se reponen de sus heridas los escritores Ernest Hemingway, Buero Vallejo y el cubano Alejo Carpentier.

La Villa con Torre, frente al Voramar, es la siguiente parada del recorrido y se encuentra adosada a la ermita del Pilar. Aunque se construye inicialmente sin la torre, ésta que sobresale del frondoso jardín le confiere un atractivo especial.

En 1942, el Conde Bau, presidente del Consejo del Reino, construye Villa Elisa y se inspira en modelos historicistas anteriores. Villa Elisa conserva todavía en uno de sus muros laterales un bajorrelieve de época romana procedente de Tortosa. El jardín de esta villa es espectacular, alberga más de 30 especies vegetales diferentes procedentes de todo el mundo y también algunos árboles mediterráneos de casi seis metros de altura. Villa Elisa es hoy propiedad municipal.

Villa Fabra, Paquita y Carpi se construyen entre 1880 y 1920 y constituyen el primer conjunto edificado en el paseo. Sus magníficos jardines tuvieron una importancia vital en la actividad social de los primeros veranos.

Villa Victoria es una casa palaciega romántica y afrancesada construida en 1911 y que visitan, verano tras verano, ilustres personajes de la sociedad española como la famosísima cantante de ópera Lucrecia Bori. Fue precisamente la majestuosidad de la construcción lo que propicia que durante la Guerra Civil se utilice como biblioteca. En la actualidad una reja de esmerado trabajo resguarda su interior. En el jardín de palmeras, araucarias y arbustos mediterráneos, dos farolas y una escultura clásica escoltan la entrada a la casa.


Otra de las primeras construcciones de la ruta es Villa Amparo que data de 1880 y que ha mantenido su estructura original durante todo este tiempo. Por el contrario, la villa contigua, Socorrito, ha sufrido algunas modificaciones que han variado su aspecto exterior, un remate con dos torres con cubierta de teja cambia la estructura de la edificación.

Villa Rafaela y Villa Pons son también ejemplo de la arquitectura modernista. Villa Pons que se construyó en 1905, fue utilizada en la Guerra Civil como hospital. Villa del Mar, una de las más espectaculares, se distingue de las demás por su contundencia y su forma de iglesia. Es conocida también como Villa Beutel, nombre de su primer propietario un alemán afincado en Valencia que la construye para pasar allí los meses de calor.

Las siguientes villas: Isabel, Carmen y Gracia están rodeadas por la misma reja de hierro forjado lo que imprime unidad al conjunto. Villa Gens da un toque curioso a la ruta, ya que se trata de una villa de claro estilo nórdico y que fue escenario de numerosas fiestas, tertulias y teatros durante la primera mitad del siglo XX. Junto a ella destacan las de Vicentica y Rosita, ésta última construida en 1931 posee un refugio antiaéreo.

De la espectacular Villa María destaca la pérgola y el cenador junto a la casa en el centro de un enorme jardín. Esta villa también posee en la fachada norte una entrada para carruajes. El arquitecto Francisco Maristany Casajuana, arquitecto de algunas de las villas cercanas, inició la construcción de esta grandiosa mansión en el año 1925. Finalmente, la Villa María Julia se hace famosa por las ilustres visitas que recibe: pintores, escritores y otras celebridades sociales como la infanta Alicia de Borbón pasan allí sus veranos. Junto a ella sobresale Villa Santa Ana, en el centro de un exuberante jardín.

El arquitecto Maristany construye también Villa Dávalos, la primera de la corte celestial y ha hace a imagen y semejanza de un palacete de Biarritz. Junto a Villa María del Carmen, también al principio del cielo, se levantan Villa Marina, Villa Santa Cristina y Villa Iluminada, tres construcciones más sencillas que las anteriores, pero no por ello menos espectaculares. Este conjunto de villas corresponde al año 1929.

El Barco, Camilleri y Solimar son las tres villas con las que termina la corte celestial. En 1920, concluye la construcción de Villa Solimar que se hizo famosa por la posición de las esculturas clásicas, que desnudas miraban al mar y quedaban a la vista de los paseantes. Pero las estrictas normas morales de principios de siglo obligan a darles la vuelta hacia el edificio y este hecho propicia que, desde entonces, se conozcan como la Villa dels Culs.

Las villas de Benicàssim han sido testigos mudos, verano tras verano, del paso del tiempo y han guardado en su interior las mundanas historias de la calurosa canícula benicense. El recorrido de las villas concluye en la Torre de San Vicente tras mostrar los rincones más espectaculares de una ciudad, que ya en los albores del siglo XX, podía compararse con los mejores destinos turísticos del mundo.

Otros datos: Benicàssim

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