Fiesta del Rollo de l'Alcora

Fiesta del Rollo de l'Alcora

Fiesta del Rollo

Romería de Infantes, lunes de Pascua.
El origen de  la Romería del Rollo se remonta a mediados del siglo XVIII (1756). Como consecuencia de una fuerte y persistente sequía, el pueblo de l’Alcora empieza a hacer rogativas y plegarias, pidiendo al cielo la lluvia salvadora. Incluso se organiza una procesión, con las imágenes de los santos vinculados a los animales y a la agri­cultura. Nada de todo esto surtió efecto. Ante una situación tan desesperada, las autorida­des y el pueblo deciden poner en manos de la providencia lo más preciado que tienen: los infantes, niños menores de ocho años. Con ellos se organiza una romería hasta la ermita de San Cristóbal, enclavada en la cumbre de la mon­taña que da cobijo a l’Alcora. Allí, cerca del cielo y por intercesión de los más puros, el pueblo espera clemencia divina. Mientras tanto, los adultos esperan en la iglesia parroquial oficiando una misa general.Finaliza­dos los oficios en ambos templos, los padres acuden a los pies del Calvario a esperar a sus hijos, produciéndose la lógica algarabía entre llantos, gritos y expresiones de alegría. El agua no tardó en llegar y la sed de los cam­pos, bestias y personas fue sofocada. En agra­decimiento, el Consejo Municipal decidió repetir esta romería todos los años, escogiendo el lu­nes de Pascua, día que en el santoral cristiano se conoce también cómo lunes del Ángel. Precisamente esta coincidencia ha dado pie a una de las tradiciones más llamativas y arraiga­das de este día. Actualmente la Fiesta del Rollo rememora este hecho con una Romería de Infantes que, acompañada de música popular (dulzaina, tambor y rondalla de cuerda), se traslada has­ta la ermita de San Cristóbal. A la Romería de Infantes la siguen todos aquellos que desean participar de la fiesta, sin limitaciones de edad o procedencia. Presidida por una cruz, seguida de los mona­guillos, los niños y las autoridades religiosas portando la reliquia de San Vicente, discurre desde la iglesia parroquial hasta esta ermita, en un itinerario de poco más de un kilómetro en el que se salva un desnivel de 150 metros. Todos los participantes en la romería son ob­sequiados con una cinta conmemorativa de la fiesta y un rollito de masa de harina, miniatura del que da nombre a la fiesta. Llegados a la ermita se celebra una misa de ac­ción de gracias, rememorando el favor que Dios hizo al pueblo, en la que se recitan las plegarias y se cantan los Gozos al Santo. Después, se realiza el almuer­zo con tortillas de ajos tiernos, habas y la tradicio­nal mona de dos huevos. Hacia mediodía todos los romeros bajan de la ermita hacia el pueblo entonando los tradicio­nales cantos de 'solispassa', que resuenan en todo el entorno: “Ous, ous, bona coca i bon dijous. El dijous de matí bona coca per a mi. El dijous de vesprà bona coca amb cansalà. Angelets del cel baixareu a Pasqua ous i caragols i fulletes de carrasca”. Mientras, en la puerta del Calvario, esperan las autoridades, reina y damas, la banda de música y los angelets, niños menores de tres años que son vestidos para la ocasión con túnica, capa, aletas de palomo y corona, representando la inocencia de los más pequeños. Es el lunes del Ángel. Desde aquí toda la comitiva se traslada a la iglesia parroquial, donde se reparte el rollo entre todos los participantes de la fiesta: romeros, visitantes, público y todo quien lo desee. El Día del Rollo, l’Alcora triplica su población con la llegada de gente de las poblaciones próximas y de otras más lejanas, buscando los favores que la tradición atribuye al rollo. Entre ellas la que dice que si se guarda el primer rollo, no se muere de desgracia. Fe, tradición, alegría, colorido… un día para vivir la esencia de una fiesta original y disfrutar de un ambiente abierto y acogedor.

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